viernes, 19 de marzo de 2010


Hasta que las lágrimas no resbalaron con libertad por sus mejillas no se dió cuenta de que cada día se odiaba un poco más.

Por querer cosas que no fueron diseñadas para ella.

Por ser jodidamente incrédula e inocente a veces.

Por no conformarse.

Por caer en rutinas.

... bla bla bla.

¿Por qué era tan sumamente despreciable?

Parecía que todo su alrededor quería mofarse, echarle en cara hasta el simple hecho de respirar.

6 de la mañana... el alcohol y el cargo de conciencia no acaban de dejarla dormir,

se alegraba y sonreía en la oscuridad... en estos momentos ni si quiera cree merecerse eso.



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